Con la cordillera como fondo de azules y celestes transparentes, el atardecer está acompañado de un viento movedizo y frío. El ejército de Atahuallpa desciende hacia el valle de Cajamarca. Son tantos que no se los puede ver a todos. Son miles. Unos tocando sus tambores, otros con sus pífanos y bocinas. Por grupos van los de porras y por otro lado los de lanzas, los de hondas. Cada grupo mueve sus propias banderas, pero todas igual enarbolan los colores imperiales del arco iris. Por delante del ejército, va la guarida real. Tres mil hombres que rodean por los cuatro costados las andas del Inca Atahuallpa”.
Así da inicio a una hermosa aventura de la imagen, del lenguaje, de la imaginación: el relato de uno de los sucesos más polémicos e inquietantes de nuestra historia precolonial: la prisión y posterior ajusticiamiento del Inca Atahuallpa, uno de los primeros héroes rebeldes de que tengamos memoria en esta parte del mundo.
El guión literario para largometraje de ficción y el ensayo académico que conforman Prisión y muerte de Atahuallpa. Una tragedia de equivocaciones son parte de una particular visión que del mundo siempre tuvo Francisco Cajias: una forma de mirar que indagaba antes por lo subterráneo que por la obviedad de las cosas, por lo invisible antes que por aquello que deslumbra por su evidencia. Por lo imperceptible, lo oculto y no dicho antes que por una claridad muchas veces sospechosa. Y todo aquello, sin embargo, pleno de una terca certidumbre que tenía que ver con la vida nueva, con el renacimiento y la resurrección, con la junta de las partes, con los interminables ciclos terrenales; en suma, con el eterno retorno.